jueves, 23 de octubre de 2014

Cosas simples de la vida

Soy feliz con poco y es cuando más feliz soy. Soy feliz cuando la simplicidad me envuelve en un abrazo y me permito volar. Las cosas que me gustan no saben de precios ni etiquetas, y es por eso que en más de una ocasión me encuentro sonriendo porque sí. 
Amo los detalles y la vida está llena de ellos, sólo hay que aprender a disfrutarlos.
Amo despertarme en medio de la noche y suspirar porque puedo dormir un par de horas más. Amo abrir la puerta de casa y que estén mis perras moviendo la cola y saltando de acá para allá. Amo el café cuando hace frío y el mate cuando es el pretexto perfecto para iniciar una conversación. Amo bailar frente al espejo y terminar con un ataque de risa sin importar lo ridícula que me vea. Amo caminar descalza en la orilla del mar, mientras juego a escapar de las olas. Amo sentir el viento despeinándome. Amo darme cuenta que estuve más de diez minutos mirando la luna y no la pantalla de mi celular. Amo que la luna esté tan lejos y pensar que allí hubo gente, entender que hasta lo más lejano es posible de alcanzar si lo deseamos y vamos tras ello. Amo mis ojos cuando sonríen y también cuando se empapan de felicidad. Amo la ruta y todos sus paisajes, disfrutar el recorrido sin importar cuántas horas faltan para llegar a destino, porque soy feliz ahí, en compañía del sol y mi música preferida. Amo los domingos y levantarme tarde. Amo salir sin paragüas cuando llueve. Amo también el otoño, y el ruido que producen las hojas secas mientras mis pies bailan sobre ellas. ¿La primavera? también la amo, y ver como florecen los jazmines que tanto le gustaban a mamá. Amo buscar formas en las nubes y mi imaginación para descubrir siempre algo distinto. Amo capturar momentos mágicos en fotografías, y algunos otros que sólo están grabados en la memoria, una memoria que no olvida. Amo conocer: música, personas, lugares, todo aquello que me haga aprender y sonreír. Amo a las personas capaces de trasladar su fantasía al mundo que llamamos real, y hacer real la fantasía. Amo convertir la rutina en algo divertido. ¿Quién dijo que todos los días deben ser iguales? Acá no hay reglas cuando de ser feliz se trata, y un mínimo detalle puede convertir un martes común y corriente, en un martes único. Amo la lluvia con sol, ahí es donde comprendo que del equilibrio puede nacer algo tan perfecto como el arcoíris. 
Entre las cosas que más amo, se encuentran esos abrazos en los que nos encantaría quedarnos para siempre. Y los besos, que logran algo tan mágico como hacernos vivir el presente y sólo el presente, aunque a veces lo creamos imposible. 
Y es que amo tantas cosas y no me había dado cuenta, o tal vez sí, sólo que al escribirlas parecen infinitas. Sé que aunque los años pasen, siempre seguiré siendo esa chiquitita de alas gigantes, que sueña y disfruta la simpleza, porque ahí se encuentra la felicidad. 

lunes, 22 de septiembre de 2014

Ella

Ella estaba escondida, esperando brotar como flores de una nueva primavera. Dormía, parecía no inmutarse ante la belleza que la rodeaba, vivía con los ojos cerrados. Pero un día, los entreabrió en un descuidado parpadeo de largas pestañas. Un parpadeo que duró más de lo habitual, y decidió que era hora de despertar, hora de vivir. Ella, la que siempre dormía y nunca soñaba, la que prefería no reír por miedo a llorar después, tomó coraje y saltó hacia el otro lado. Tuvo miedo, claro, pero no dejó que aquello la intimide. Por lo contrario, le ofreció una sonrisa a modo de tregua. Y así fue como ella, entendió que no había mayor obstáculo que sus propias inseguridades, las que no la dejaban avanzar, las que gritaban que jamás iba a lograr ser feliz. Combatirlas no fue sencillo, estaban en cada rincón de la casa. Invisibles pero de gran calibre, aparecían por doquier. Pero no fueron más astutas que esta pequeña gigante. Por fin las atrapó, y descubrió que entre sus manos, ya no pesaban, no eran fuertes, sólo aparentaban. Porque es así, todo está en nuestras manos, nadie es más fuerte que nosostros mismos. 
Libre al fin, comenzó una nueva vida, reciclando el pasado y sin temor al futuro, vivió el presente. Y sé que así es mucho más feliz, la conozco bien. 
Ella se levanta a la mañana, con la misma cara de dormida, pero envuelta en optimismo. Se viste y le regala una sonrisa al sol. Ya no duerme tanto, entendió que es más lindo soñar despierta. Ríe a carcajadas y le hace muecas al espejo. Se reencontró con aquella niña perdida. 
Ella pinta con pinceles, con sus manos, y sus ojos tiñen la ciudad de mil colores.
Ella puede hacer todo lo que quiera, porque quien quiere, puede. 



Ella soy yo, porque un mimo nunca viene mal. A preocuparse menos, y quererse más.
















miércoles, 17 de septiembre de 2014

Él

Él apareció entre cientas de personas que veo pasar a diario. Apareció con una sonrisa que invita a volar, a soñar cosas grandes. Él tiene una mirada que desafía a la inseguridad, y a los miedos les da pelea, no los deja vencer jamás. Él es un soñador, quiere cambiar el mundo. Él cambió mi mundo. 
Él viaja, observa, conoce, siente. Y después me regala infinitas anécdotas que guardo como aprendizaje. 
Él sabe el valor que tiene, sabe que es gigante y eso lo engrandece aún más. Él se quiere y hace que lo quiera. 
Él sopla las nubes para regalarme siempre su mejor sol. Llegó con una paz contagiosa.
Él entró y dejó la puerta abierta, desencadenó mis dudas y poco a poco, se escapan como pájaros que estuvieron prisioneros mucho tiempo y al fin encontraron su libertad. Así me siento, libre, liviana, feliz. 
Él pinta con acuarelas mis días grises. Me devolvió los colores perdidos. 
Él me abrazó y rescató de la cuerda floja, y desde ese entonces camino con el paso firme y decidido, y me permito, de vez en cuando, alzar mis pies al cielo. 
Él me enseña día a día la magia de vivir.
Y lo mejor, él existe. Y lo quiero así, tal y como es. 

domingo, 7 de septiembre de 2014

Destino.

Cómo empezar a escribir cuando lo que te impulsa son dos temas completamente distintos, unidos por una simple esperanza.  Un libro, y por otro lado, una persona. 
Ambos fueron los causantes de mis últimas sonrisas en los meses de Agosto y Septiembre, tal vez por eso les atribuyo cierta conexión.
Prefiero comenzar por el libro y de ahí en más todo tendrá más sentido. 
Es una novela, de simple lectura, breve, y real. Por esto último es que llegó a atraparme tanto, puede pasarnos a cualquiera de nosotros, los que leemos y soñamos vivir algo semejante. Se titula "La sonrisa de las mujeres" y está repleto de emociones, las narradas, y las que causa. 
La historia está llena de malentendidos, algunas mentiras, y la búsqueda continua de ambos protagonistas por encontrar lo que desean. Narrada desde distintos puntos de vista, primero Aurélie, luego André, y así sucesivamente. Y lo lindo, es cuando al final de la búsqueda, entienden que ambos anhelaban lo mismo. 
Pero no fue la trama lo que en realidad provocó tanto entusiasmo, ya que está lleno de historias similares. Es la típica novela que acaba bien, los protagonistas se encuentran y uno imagina un felices por siempre, como sucede mayormente en las películas. Fue la semejanza con la realidad, mi realidad. Y no, no es mera coincidencia, como advierten al comienzo en las tiras de televisión. 
Y acá, es donde hago un giro y ya no hablo del libro, sino de la persona que apareció en el momento justo para colorear mis días. 
Apareció un día de Marzo, eran dos las personas que entraban al local donde trabajo, buscando un regalo o algo así. Uno esperaba afuera, con una caja y un gatito rescatado minutos atrás. 
Yo no atravesaba mi mejor momento emocionalmente hablando, por lo que no me inmuté demasiado ante su presencia. Sólo hice mi trabajo y comenté sobre mi amor por los animales, y lo bueno que era que exista gente capaz de preocuparse, y ocuparse de los abandonados. Minutos después, ambos se marchaban con una camisa recién comprada, pero sólo le sonreí a uno, sin más. 
Me pareció lindo y por alguna razón percibí una buena persona, pero no le di demasiada importancia. Hicimos burlas con mi compañera y ella comentó algo similar a "Me gusta ese chico para vos" Me reí a carcajadas y terminado el asunto. O eso creía en ese entonces.
Después de aquella tarde, lo volví a ver incontables veces. Siempre en el mismo lugar, con el pelo despeinado, la barba crecida, una mirada que me buscaba y la sonrisa impecable. Solíamos mirarnos a través del vidrio que separa mi trabajo, del mundo exterior. 
Nos mirábamos en días de sol y también grises, como esperando a que el otro irrumpa nuestro espacio, pero eso no sucedía. 
Los meses pasaban y yo estaba cada vez más sumergida en la intriga. Poco a poco fuí dejando atrás el recuerdo de aquel amor que sólo sabía de lágrimas, y ocupé mi mente imaginando encuentros con el desconocido de las sonrisas. 
Y tanto lo deseas que al fin, al fin sucede. Y de aquí en más no hay mucho más por contar.
Sólo que todos tenemos en nuestras manos la posibilidad de hacer realidad lo que soñamos, basta con dar un paso. Como en las películas, o novelas de amor. 
Hay que soñar, animarse, convertir en realidad la fantasía. Y en cuanto a las casualidades, no, las casualidades no existen. Prefiero llamarlo: Destino. 
 


jueves, 7 de agosto de 2014

Mil frazadas.

Algo me impulsa a escribir, más bien alguien. Alguien que no conozco y sin embargo, es como si lo conociese de toda la vida. No sabía su nombre, pero lo imaginé todas las noches. Tampoco sus intereses, sus pasiones, sus gustos musicales. Y qué hermoso es cuando por fin, coinciden. Cuando de las miradas cruzadas, siempre en el mismo lugar, surge algo inesperado. Y no, no lo conozco, pero hay personas que encandilan con su luz, y yo ando con los ojos bien abiertos.
No necesito mucho más, lo sucedido es magia. Un par de palabras fueron suficientes para entender que la vida es linda.
Con su sencillez logró mejorar mi perspectiva sobre el mundo. Él no lo sabe, tal vez nunca lo sepa, pero le estoy profundamente agradecida. Qué extraño deberle tantas sonrisas a un desconocido, pero me gusta, lo disfruto.
Tal vez, algún tiempo atrás, estaría pensando en el mañana. Ya no, no me interesa. Siempre es hoy, y hoy, es lo único que tenemos. Mañana será pasado, y quiero recordarlo con placer, sin dudas.
Sólo sé que me saca mil sonrisas por párrafo, entre charlas que hablan de frazadas, perros y algo más. Es suficiente para que hoy, me acueste sonriendo, duerma, y despierte soñando.

lunes, 28 de julio de 2014

No suelo escribir acerca de lo que pasó, ni de lo mucho que me hacés falta. A veces prefiero ocupar mi cabeza con angustias menores para evitar lo que realmente duele. Pero la realidad es esta, no hay vuelta que darle. La vida no me presentaba grandes obstáculos y de pronto, me arrebató la posibilidad de llamarte mamá, como lo hacía todos los días. Tras cuatro meses de sufrimiento compartido, te dejaste ir. Y a pesar de que ya pasaron casi siete meses, todavía tengo esa dolorosa imagen rondando en mi cabeza, y aparece de vez en cuando al cerrar los ojos. En otras ocasiones puedo recordarte de la mejor forma posible: Sonriendo, fumando un pucho y escuchando mis anécdotas. Lamentablemente, no siempre. El fantasma de la peor noticia de mi vida viene a molestarme a menudo. 
A pesar de todo, sé que me cuidás. También, sospecho que estarás enojada, pensando "Otro tatuaje más..." Y me río de sólo imaginar tu cara. No sé cómo será ver todo desde otro plano, qué se sentirá estar dónde quiera que estés, pero espero sepas algo: Te recuerdo todos los días. Y no estés triste, aprendí a vivir con el dolor. Cuando los momentos compartidos son excesivos y de tanta alegría, logran aliviar una pérdida tan grande. Porque nada, nada fue en vano. Y te fuiste, claro, pero no del todo. Ninguna distancia va a lograr deshacer el lazo que formamos con los años. Estaremos unidas para siempre, vos allá, con una parte mía, y yo acá, de pie y abrazada al recuerdo de la mejor mamá que pude tener. 
Tenés la capacidad de enseñarme cosas aún cuando no puedo verte. Yo, la que siempre decido reemplazar una cosa con otra, entendí por fin que hay cosas que jamás podrán ser sustituídas. Simplemente aprendemos a vivir con el espacio vacío que, algún día, cuando nos encontremos en tiempo indefinido, volverá a brillar. Yo sé que tu abrazo va a completarme otra vez.

jueves, 24 de julio de 2014

Tu recuerdo en mi cabeza

Creí estar avanzando, pero no. Ni avanzo, ni me estanco en el mismo lugar. Estoy atravesando una especie de retroceso y regreso a aquel momento en el que todo era una confusión. Para mi sorpresa, descubro que mis esperanzas son infinitas y no se cansan de esperar, mientras fumo y miro el reloj. Una parte de mí no te suelta, no porque no pueda, más bien por puro capricho. Y es que fue todo tan perfecto mientras duró, que me niego a no tenerlo más. Es un capricho de cielos azules y miradas cómplices. De bocas que encajaban a la perfección. Cómo no extrañar aquellos amaneceres en que el sol nos sorprendía abrazados, con los ojos achinados de tanto sonreír. Es imposible no querer volver a los días felices, cuando manejabas con tu mano en mi rodilla y yo, sin dejar de mirarte, moría de amor. 
Hace varios meses atrás, todo se esfumó. Sin embargo, todavía conservo los recuerdos, algunas fotos y la excusa del adiós. 
Mientras tanto, supongo que disfrutás provocarme. Buscarme, clavar la mirada, decirme dos palabras que quedan flotando en mi cabeza durante horas. 
Espero nunca vuelvas, y si por fin lo hacés, que sea para siempre.