Él apareció entre cientas de personas que veo pasar a diario. Apareció con una sonrisa que invita a volar, a soñar cosas grandes. Él tiene una mirada que desafía a la inseguridad, y a los miedos les da pelea, no los deja vencer jamás. Él es un soñador, quiere cambiar el mundo. Él cambió mi mundo.
Él viaja, observa, conoce, siente. Y después me regala infinitas anécdotas que guardo como aprendizaje.
Él sabe el valor que tiene, sabe que es gigante y eso lo engrandece aún más. Él se quiere y hace que lo quiera.
Él sopla las nubes para regalarme siempre su mejor sol. Llegó con una paz contagiosa.
Él entró y dejó la puerta abierta, desencadenó mis dudas y poco a poco, se escapan como pájaros que estuvieron prisioneros mucho tiempo y al fin encontraron su libertad. Así me siento, libre, liviana, feliz.
Él pinta con acuarelas mis días grises. Me devolvió los colores perdidos.
Él me abrazó y rescató de la cuerda floja, y desde ese entonces camino con el paso firme y decidido, y me permito, de vez en cuando, alzar mis pies al cielo.
Él me enseña día a día la magia de vivir.
Y lo mejor, él existe. Y lo quiero así, tal y como es.
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