domingo, 7 de septiembre de 2014

Destino.

Cómo empezar a escribir cuando lo que te impulsa son dos temas completamente distintos, unidos por una simple esperanza.  Un libro, y por otro lado, una persona. 
Ambos fueron los causantes de mis últimas sonrisas en los meses de Agosto y Septiembre, tal vez por eso les atribuyo cierta conexión.
Prefiero comenzar por el libro y de ahí en más todo tendrá más sentido. 
Es una novela, de simple lectura, breve, y real. Por esto último es que llegó a atraparme tanto, puede pasarnos a cualquiera de nosotros, los que leemos y soñamos vivir algo semejante. Se titula "La sonrisa de las mujeres" y está repleto de emociones, las narradas, y las que causa. 
La historia está llena de malentendidos, algunas mentiras, y la búsqueda continua de ambos protagonistas por encontrar lo que desean. Narrada desde distintos puntos de vista, primero Aurélie, luego André, y así sucesivamente. Y lo lindo, es cuando al final de la búsqueda, entienden que ambos anhelaban lo mismo. 
Pero no fue la trama lo que en realidad provocó tanto entusiasmo, ya que está lleno de historias similares. Es la típica novela que acaba bien, los protagonistas se encuentran y uno imagina un felices por siempre, como sucede mayormente en las películas. Fue la semejanza con la realidad, mi realidad. Y no, no es mera coincidencia, como advierten al comienzo en las tiras de televisión. 
Y acá, es donde hago un giro y ya no hablo del libro, sino de la persona que apareció en el momento justo para colorear mis días. 
Apareció un día de Marzo, eran dos las personas que entraban al local donde trabajo, buscando un regalo o algo así. Uno esperaba afuera, con una caja y un gatito rescatado minutos atrás. 
Yo no atravesaba mi mejor momento emocionalmente hablando, por lo que no me inmuté demasiado ante su presencia. Sólo hice mi trabajo y comenté sobre mi amor por los animales, y lo bueno que era que exista gente capaz de preocuparse, y ocuparse de los abandonados. Minutos después, ambos se marchaban con una camisa recién comprada, pero sólo le sonreí a uno, sin más. 
Me pareció lindo y por alguna razón percibí una buena persona, pero no le di demasiada importancia. Hicimos burlas con mi compañera y ella comentó algo similar a "Me gusta ese chico para vos" Me reí a carcajadas y terminado el asunto. O eso creía en ese entonces.
Después de aquella tarde, lo volví a ver incontables veces. Siempre en el mismo lugar, con el pelo despeinado, la barba crecida, una mirada que me buscaba y la sonrisa impecable. Solíamos mirarnos a través del vidrio que separa mi trabajo, del mundo exterior. 
Nos mirábamos en días de sol y también grises, como esperando a que el otro irrumpa nuestro espacio, pero eso no sucedía. 
Los meses pasaban y yo estaba cada vez más sumergida en la intriga. Poco a poco fuí dejando atrás el recuerdo de aquel amor que sólo sabía de lágrimas, y ocupé mi mente imaginando encuentros con el desconocido de las sonrisas. 
Y tanto lo deseas que al fin, al fin sucede. Y de aquí en más no hay mucho más por contar.
Sólo que todos tenemos en nuestras manos la posibilidad de hacer realidad lo que soñamos, basta con dar un paso. Como en las películas, o novelas de amor. 
Hay que soñar, animarse, convertir en realidad la fantasía. Y en cuanto a las casualidades, no, las casualidades no existen. Prefiero llamarlo: Destino. 
 


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