Vivimos fingiendo. Tratamos de esconder esa parte poco sincera y nos vestimos de frontalidad, pero no es así. Podemos ser frontales en muchos aspectos de la vida, generalmente en aquellos que no nos involucran. Y ahí sólo nos convertimos en terceros dando opiniones que tal vez nadie pidió y consejos que nos parecen los mejores porque no estamos bajo ese techo ni es nuestra la presión de tomar decisiones. Pero cuando de uno mismo se trata, mentimos. Nos mentimos. Es sencillo levantarse y llenar la cabeza con ocupaciones superficiales, ir de acá para allá quejándonos de la lluvia, del sol, o que el semáforo demora demasiado en cambiar y estamos apurados. La rutina diaria nos hace olvidar aquello que duele, porque no tenemos tiempo de pensar. Pero la noche no tarda en aparecer, los platos ya están limpios y la cabeza en la almohada te recuerda que lo que dolió ayer, sigue vigente hoy. Quizás un poco menos, pero no desapareció como le hacemos creer al mundo.
En particular, me es más fácil andar de indiferente, haciendo la cabeza a un lado y no mirarte, tal vez de esa forma creas el cuento que yo misma inventé. Por dentro estoy deseando que me choques de frente sin darme la chance de escapar. Sin embargo, volvería a mentir. Fingiría una mirada accidental, como quien no quiere la cosa. El gran problema es que quiero la cosa, más bien a la persona que provoca ésta clase de confusiones que suelo denominar "Quilombos emocionales". Pero me los guardo para mí, y me pinto una sonrisa ficticia para que veas lo bien que estoy, o lo buena actriz que puedo ser.
jueves, 24 de abril de 2014
lunes, 14 de abril de 2014
El cuarto vacío
La duda es amiga de la contradicción, por eso es que vivo contradiciéndome y dudo en cada cambio de parecer. No es extraño, si un día, aquello que tanto anhelamos pierde sentido. Ya no lo queremos, tal vez ayer fue el motivo que nos hizo sentarnos en un rincón y sentir más allá de lo imaginado. Sentir de verdad, por que las emociones, cuando son verídicas, se presentan en forma de dolores de cabeza y escalofríos en pleno enero. El sol quemando no es sinónimo de calidez.
Así es como hoy, sé que busco algo y al mismo tiempo no sé qué, y no se puede encontrar algo que no conocemos. Es determinante saber ciertos detalles de la incógnita para que ésta pueda ser hallada. Por precipitados, muchas veces los pasamos por alto y la sorpresa se hace vigente en el resultado: No es lo que queríamos, ni lo que esperábamos. Y ahí es cuando comenzamos a buscar el error de atrás para adelante, desde el final hasta la mitad del problema, porque regresar al comienzo implica empezar de cero, es rearmar lo que creímos resuelto, buscar las piezas y encastrarlas de mil maneras diferentes, es un ensayo y error continuo. Sin embargo, en ocasiones no hay más remedio que regresar al punto de partida. Siempre queda un poco de margen en la hoja para volver a escribir. Es inútil querer borrar aquello que no nos conduce a nada, corremos el riesgo de olvidar los errores y volver a cometerlos.
Con respecto a la contradicción, creo que es algo que me sienta bien. Un lindo nombre, tal vez en algún universo paralelo. Mientras haya dudas habrá contradicciones, y como poco en ésta vida es totalmente certero, siempre las habrá.
Entonces es como hoy, soy una bola de contradicciones, y dudas, y anhelos, de errores y tuercas que acabaron por oxidarse dejando caer los tornillos que sostenían una cordura casi imperceptible. Soy las ganas de volar lejos y permanecer en el mismo lugar de siempre, en un mismo minuto. Soy tantas cosas y de a ratos, un cuarto vacío y sin picaporte, sólo por el miedo que genera la entrada de alguien desconocido, que decida acomodar sus extrañas cosas en mi vida un tanto desordenada. Y es que tantas veces me arrebataron las llaves, colgaron relojes e ilusiones para llevárselas después, que prefiero ser eso: Un cuarto vacío.
Así es como hoy, sé que busco algo y al mismo tiempo no sé qué, y no se puede encontrar algo que no conocemos. Es determinante saber ciertos detalles de la incógnita para que ésta pueda ser hallada. Por precipitados, muchas veces los pasamos por alto y la sorpresa se hace vigente en el resultado: No es lo que queríamos, ni lo que esperábamos. Y ahí es cuando comenzamos a buscar el error de atrás para adelante, desde el final hasta la mitad del problema, porque regresar al comienzo implica empezar de cero, es rearmar lo que creímos resuelto, buscar las piezas y encastrarlas de mil maneras diferentes, es un ensayo y error continuo. Sin embargo, en ocasiones no hay más remedio que regresar al punto de partida. Siempre queda un poco de margen en la hoja para volver a escribir. Es inútil querer borrar aquello que no nos conduce a nada, corremos el riesgo de olvidar los errores y volver a cometerlos.
Con respecto a la contradicción, creo que es algo que me sienta bien. Un lindo nombre, tal vez en algún universo paralelo. Mientras haya dudas habrá contradicciones, y como poco en ésta vida es totalmente certero, siempre las habrá.
Entonces es como hoy, soy una bola de contradicciones, y dudas, y anhelos, de errores y tuercas que acabaron por oxidarse dejando caer los tornillos que sostenían una cordura casi imperceptible. Soy las ganas de volar lejos y permanecer en el mismo lugar de siempre, en un mismo minuto. Soy tantas cosas y de a ratos, un cuarto vacío y sin picaporte, sólo por el miedo que genera la entrada de alguien desconocido, que decida acomodar sus extrañas cosas en mi vida un tanto desordenada. Y es que tantas veces me arrebataron las llaves, colgaron relojes e ilusiones para llevárselas después, que prefiero ser eso: Un cuarto vacío.
sábado, 12 de abril de 2014
Haceme reír. Escuchame. Callame. Hablame incoherencias, no tantas. Sentime. Pensame. No lo pienses. Dejate llevar y delirame, fumame, anestesiame, sedame. Haceme cantar, seguí ese ritmo, esa música. Bailá. Dejame recorrerte. Recorreme. Sonreíme. Terminame. Completame. Contemplame. Dejame dibujarte, no te muevas, dejame sacarte una foto con mis ojos. Mentime, inventá un cuento que te glorifique.
miércoles, 9 de abril de 2014
Del suelo a la cuerda floja
Sentada en una silla de madera y tiritando de frío, un frío que más bien proviene de mí misma, recordé como era hace años atrás. La misma, pero diferente. Solía analizar cada paso antes de darlo y me planteaba si valían la pena las consecuencias que traería. Tenía dudas, pero mis certezas estaban intactas. En cambio hoy dudo hasta de lo que creo saber, supongo que a causa de varios giros inesperados, la sorpresa me dejó en jaque en más de una ocasión. Solía también, guardar oportunidades para aprovecharlas en el momento exacto, pero el tiempo y espacio que consideré ideal me encontró con un cajón lleno de oportunidades oxidadas, ya no servían, el tren se había ido para no volver. Ayer, las hubiera dejado junto con mis ilusiones y sueños frustrados, pero hoy decidí jugar, y perdí.
Puedo aceptar el hecho de perder pero no es algo que me guste, y tomé la decisión de no desperdiciar nunca más una chance, sin embargo el resultado tampoco fue satisfactorio. Por querer abarcar todo, uno termina con las manos vacías. Los medios que elegimos, si no sabemos llevarlos, pueden conducirnos a un mismo fin. Dejar pasar es tan absurdo como precipitarnos para obtener resultados inmediatos.
Solía irme por las ramas, eso es algo que aún conservo en el estado más puro.
Pensándolo bien, creo que soy la misma chica, sólo que mi balanza está desequilibrada. Sonrío más, aunque con menos ganas. Lloro la mitad y con lágrimas más cargadas. Actúo antes de pensar si están bien mis acciones y me las replanteo cuando no hay vuelta atrás.
Sí, es eso, soy la misma, pero desequilibrada. Nací en el suelo, visité el cielo un par de veces, y aterricé en una cuerda floja que al parecer, es infinita.
Puedo aceptar el hecho de perder pero no es algo que me guste, y tomé la decisión de no desperdiciar nunca más una chance, sin embargo el resultado tampoco fue satisfactorio. Por querer abarcar todo, uno termina con las manos vacías. Los medios que elegimos, si no sabemos llevarlos, pueden conducirnos a un mismo fin. Dejar pasar es tan absurdo como precipitarnos para obtener resultados inmediatos.
Solía irme por las ramas, eso es algo que aún conservo en el estado más puro.
Pensándolo bien, creo que soy la misma chica, sólo que mi balanza está desequilibrada. Sonrío más, aunque con menos ganas. Lloro la mitad y con lágrimas más cargadas. Actúo antes de pensar si están bien mis acciones y me las replanteo cuando no hay vuelta atrás.
Sí, es eso, soy la misma, pero desequilibrada. Nací en el suelo, visité el cielo un par de veces, y aterricé en una cuerda floja que al parecer, es infinita.
viernes, 4 de abril de 2014
Cóctel de emociones
No sé si abrí los ojos y ya no me duele o simplemente los cerré más fuerte para no ver nada a mi alrededor, y lo ignoro, te ignoro. Podría jugar el papel de superada pero nunca fui buena fingiendo emociones. Simplemente sigo con mi vida, como si no hubieras existido en ocasiones y en otras cargo con los recuerdos porque necesito sentir algo, aunque sea nostalgia. Por suerte mi memoria hizo un hueco para archivos negativos y ahí estás vos, escribiéndome, ilusionándome con un encuentro no tan casual, para destrozarlo horas después al pararte frente mío con una chica que en nada se parecía a mí. Más allá de lo físico, no sonreía. Cada recuerdo que viene a interrumpir mi tranquilidad me conduce a la sonrisa que pintabas en mi cara, sin embargo ella parecía no inmutarse ante tu presencia, pero eso ya no me compete. En realidad nada tuyo tiene relación conmigo.
Me gustaría que no desmorones aquella fortaleza que inventé para continuar, pero te divierte la idea de aparecer y soplar mi muro construido con débiles cartas. Espero el colectivo y juego a la espía mirando de reojo como hablás por teléfono, ubicado en el lugar perfecto para que mi cabeza proyecte febrero, una y mil veces.
Prefiero callar y sonreír en tu presencia, tu ausencia veo como la manejo sin que te enteres.
Me gustaría que no desmorones aquella fortaleza que inventé para continuar, pero te divierte la idea de aparecer y soplar mi muro construido con débiles cartas. Espero el colectivo y juego a la espía mirando de reojo como hablás por teléfono, ubicado en el lugar perfecto para que mi cabeza proyecte febrero, una y mil veces.
Prefiero callar y sonreír en tu presencia, tu ausencia veo como la manejo sin que te enteres.
Amores en red
El supuesto amor de ahora, aburre. Las películas siguen planteando un amor que ya no existe o está escondido esperando nuestro click, ese que nos devuelve a la realidad. Vivimos de amores pasajeros, paralelos, que destiñen o más bien, bloquean. Porque ahora es así, entre pantallas.
No me fío de muchas cosas pero si hay algo que puedo afirmar, es que sería mucho más feliz si hubiese nacido unos cuantos años antes. Me hubiera ahorrado varios bajones por ver "En línea" y jamás un "Escribiendo...". Hubiera sido divertido correr hacia el teléfono de casa cada vez que sonaba. Quedarse con la última mirada y regresar sonriendo, sin esperar un Whatsapp que, claramente, genera desilusión y dudas cuando no llega. Los planteos se convirtieron en indirectas disfrazadas de tweets y una foto en Facebook es muestra de amor.
Después uno pretende encontrar algo real en la frivolidad que nos rodea. Qué ilusos, qué ilusa.
No me fío de muchas cosas pero si hay algo que puedo afirmar, es que sería mucho más feliz si hubiese nacido unos cuantos años antes. Me hubiera ahorrado varios bajones por ver "En línea" y jamás un "Escribiendo...". Hubiera sido divertido correr hacia el teléfono de casa cada vez que sonaba. Quedarse con la última mirada y regresar sonriendo, sin esperar un Whatsapp que, claramente, genera desilusión y dudas cuando no llega. Los planteos se convirtieron en indirectas disfrazadas de tweets y una foto en Facebook es muestra de amor.
Después uno pretende encontrar algo real en la frivolidad que nos rodea. Qué ilusos, qué ilusa.
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