lunes, 14 de abril de 2014

El cuarto vacío

La duda es amiga de la contradicción, por eso es que vivo contradiciéndome y dudo en cada cambio de parecer. No es extraño, si un día, aquello que tanto anhelamos pierde sentido. Ya no lo queremos, tal vez ayer fue el motivo que nos hizo sentarnos en un rincón y sentir más allá de lo imaginado. Sentir de verdad, por que las emociones, cuando son verídicas, se presentan en forma de dolores de cabeza y escalofríos en pleno enero. El sol quemando no es sinónimo de calidez.
Así es como hoy, sé que busco algo y al mismo tiempo no sé qué, y no se puede encontrar algo que no conocemos. Es determinante saber ciertos detalles de la incógnita para que ésta pueda ser hallada. Por precipitados, muchas veces los pasamos por alto y la sorpresa se hace vigente en el resultado: No es lo que queríamos, ni lo que esperábamos. Y ahí es cuando comenzamos a buscar el error de atrás para adelante, desde el final hasta la mitad del problema, porque regresar al comienzo implica empezar de cero, es rearmar lo que creímos resuelto, buscar las piezas y encastrarlas de mil maneras diferentes, es un ensayo y error continuo. Sin embargo, en ocasiones no hay más remedio que regresar al punto de partida. Siempre queda un poco de margen en la hoja para volver a escribir. Es inútil querer borrar aquello que no nos conduce a nada, corremos el riesgo de olvidar los errores y volver a cometerlos.
Con respecto a la contradicción, creo que es algo que me sienta bien. Un lindo nombre, tal vez en algún universo paralelo. Mientras haya dudas habrá contradicciones, y como poco en ésta vida es totalmente certero, siempre las habrá.
Entonces es como hoy, soy una bola de contradicciones, y dudas, y anhelos, de errores y tuercas que acabaron por oxidarse dejando caer los tornillos que sostenían una cordura casi imperceptible. Soy las ganas de volar lejos y permanecer en el mismo lugar de siempre, en un mismo minuto. Soy tantas cosas y de a ratos, un cuarto vacío y sin picaporte, sólo por el miedo que genera la entrada de alguien desconocido, que decida acomodar sus extrañas cosas en mi vida un tanto desordenada. Y es que tantas veces me arrebataron las llaves, colgaron relojes e ilusiones para llevárselas después, que prefiero ser eso: Un cuarto vacío.

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