martes, 26 de noviembre de 2013
Siento que me llamás en un grito ahogado, pero son sólo jugadas macabras de la mente. Voy a tu auxilio, y ahí estás, durmiendo, tu respiración es algo agitada y la expresión de tu rostro demuestra total cansancio. Yo también estoy exhausta, y al igual que vos, quiero despertarme de ésta pesadilla que es tan real como martirizadora. Mi fe dice que todo va a estar bien, y mis miedos me golpean, es un dolor tan real.. el de mis huesos quebrándose. Sé que tengo corazón sólo porque, sin él, no estaría acá. También sé que cada latido disminuye con el tiempo, se hace lento, pausado, agonizante. Gracias a la vida, tengo gente de fierro que me sostiene, no sé por qué razón, a veces considero que no soy buena compañía para nadie, y pretendo alejar a todos de ésta demencia incontrolable que recorre mis venas. Más allá de mis momentos de incoherencia, todavía mantengo un poco la cordura, pedir ayuda es una manifestación de amor propio, de salvación. Hoy me siento enferma y quiero curarme. Enfrentar los miedos y despejar mis dudas. Quiero volver a confiar, y no pensar que cada persona me presta su oído con la intención de conseguir algo a cambio. En fin, éste es mi espacio, y aunque no alcancen todas las palabras del diccionario para expresar lo que vivo, entrelazo algunas, encontrándome. Ésta soy yo, ésta es mi historia, y nadie más va a escribirla por mí.
lunes, 25 de noviembre de 2013
Antes que nada, perdona si huele un poco a cerrado, hacía mucho tiempo que nadie se alojaba aquí, y menos aún con la intención de quedarse. Ábreme bien de puertas y ventanas. Que corra el aire, que entre tu luz, que pinten algo los colores, que a éste azul se le suba el rojo. Y hablando de ponerse, vete poniendo cómodo, que estás en tu casa. Yo por mi parte, lo he dejado todo dispuesto para que no quieras mudarte más. Puedes dejar tus cosas aquí, entre los años que te busqué y los que te pienso seguir encontrando. Los primeros están llenos de errores, los segundos, teñidos de ganas de no equivocarme otra vez. El espacio es tan acogedor como me permite mi honestidad. Ni muy pequeño como para sentirse incómodo, ni demasiado grande como para meter mentiras. Mis recuerdos, los dejé todos esparcidos por ahí, en cajas de zapatos gastados y cansados de merodear por vidas ajenas. No pises aún, que está fregado con lágrimas recientes, y podrías resbalar. Yo te aviso. El interruptor general de corriente está conectado a cada una de tus sonrisas. Intenta administrarlas bien y no reírte demasiado a carcajadas, no vayas a fundirlo de un sopetón. No sé si te lo había comentado antes, pero la estufa la pones vos. Tampoco acaba de funcionarme bien la lavadora. Hay cosas del pasado que necesitarán más de un lavado, es inevitable. Y hay cosas del futuro que, como es normal, se acabarán gastando de tanto lavarlas. La recomendación, ensuciarse a su ritmo y en su grado justo. Eso sí, no te preocupes por lo que pase con las sábanas, que las mías lo aguantan todo. El resto no sé, supongo que está todo por hacer. Encontrarás que sobra algún tabique emocional, que falta alguna neurona por amueblar, y que echas de menos, sobre todo al principio, alguna reforma en fachada y estructura.
domingo, 24 de noviembre de 2013
Hay una voz dentro de mi cabeza, diciendo: Nunca lo alcanzarás
Cada paso que tomo, cada movimiento que hago
Se siente perdido, sin dirección
Mi fe se está desmoronando, pero tengo que seguir intentando
Tengo que mantener mi cabeza bien alta
Las luchas que se me presentan
Las posibilidades que tengo
A veces me golpean, pero no me rompo
Estoy conociendo el dolor, tengo que seguir adelante
Tengo que ser fuerte, seguir empujando.
sábado, 23 de noviembre de 2013
Creciste chiquita, ahora aprendé a volar.
Algún día fuí pequeña, algún día cumplí tres años y soplé velitas de colores mientras mis ojos destellaban una felicidad indescriptible. Fuí al jardín y me divertía ensuciando mi delantal con acuarelas y creando figuras en plastilina. Otro día cumplí nueve, y mi problema mayor era recordar el sistema circulatorio a la perfección. A los trece entendí que jamás iban a gustarme las matemáticas, la regla de tres simple me parecía de lo más compleja. A los catorce tuve un cambio radical, decidí que ya no iba a ser una nena, iba a convertirme en una mujer, quería ser libre, pero claro, sin soltar la mano de mamá. Ya no quería las mismas cosas. Lo superficial me parecía de lo más absurdo, y mi concepto de belleza se encontraba en la profundidad de la simplicidad. Recuerdo que tuve una profesora de secundario con la cual tenía completa antipatía, más tarde descubrí que fue la que más me enseñó. Y si hoy escribo, en parte es por ella, hizo que descubra mi refugio en las palabras. Hoy, con veinte años, digamos que tengo un cuarto de mi vida transcurrido, en términos relativos. Hoy no creo en la perfección, pero si en detalles únicos que se le asemejan. Considero una sonrisa como el mejor regalo que puede recibir una persona, o al menos yo, que lejos de ser superficial, me conformo con lo intangible. Hoy no sé bien quién soy, ni lo que valgo, pero proyecto mejorar con el transcurso del tiempo, paso a paso, día a día. Vivo días difíciles, me desmorono y un abrazo me devuelve la estabilidad. Pero jamás voy a dejarme vencer por mis miedos, porque ¿Quién sabe? quizás un próximo otoño, me encuentre sonriendo.
sábado, 16 de noviembre de 2013
Tengo manos y pies. Ojos grandes y una nariz que me gusta. Una pequeña boca al rojo vivo y cachetes donde se forman dos hoyuelos cuando sonrío, muy de vez en cuando. Parte de mi piel cubierta por tatuajes, cicatrices que elijo. Uñas cortas y desprolijas. Pelo largo hasta la cintura, el que nunca peino y llevo revuelto. Infinitos cuadernos llenos de vivencias, borradores, cartas que nunca llegarán a destinatario, relatos que invento para sentirme mejor. Ideas que surgen y no llego a concretar. Proyectos que dependen del tiempo y la voluntad. Tengo mil manías y puedo escuchar una canción más de diez veces seguidas. Vicios, como el cigarrillo que consumo y me consume día a día. Tengo fortaleza que creía carecer, y debilidades que se disfrazan de recuerdos. Tengo un amor-odio por la tecnología, que nos hace sentir cercanos y cada vez nos aleja más, nos vuelve frívolos. Sentimientos encontrados e ilusiones perdidas. Bajones repentinos, sonrisas recurrentes en días de lluvia. Tuve un amor, inmenso, puro, transparente, y lo dejé ir. Y lo sigo dejando ir cada vez que golpea mi puerta, no sé por qué razón. Soy la oveja disfrazada de lobo. Me escondo tras la apariencia de mujer fuerte, la que todo lo puede, la que todo lo alcanza. Y la triste realidad es que todavía no estoy ni cerca de mi anhelo, lo persigo, pero se esfuma entre las sombras, entre rostros inertes, me enseña los colmillos dando lugar al desafío. Tengo muchas cosas por vivir, y cero energía para realizarlas. Un par de amigos locos, que me sostienen cuando estoy al borde de sucumbir. Una obsesión por buscar figuras en el humo que exhalo, así como en las nubes. Amores no correspondidos que dejaron huella, aunque sólo recuerdo tres. El cenicero lleno y el corazón vacío. Ataques de ansiedad, acompañados por un vaso de fernet a medio terminar. Y para concluir, hoy tengo ganas de ir corriendo hasta tu timbre y reclamar tu nombre en un grito desconsolado..
viernes, 15 de noviembre de 2013
Dame un amor como el suyo
Porque últimamente me he estado despertando sola
Pinto manchas de lágrimas en mi camisa
Te dije que las dejaría salir
Quizás ésta noche te llame
Después de que mi sangre se convierta en alcohol
Sólo quiero abrazarte
Dame un poco de tiempo o termina con ésto
Jugaremos al escondite para darle la vuelta
Dame amor como nunca antes
Porque últimamente lo he estado ansiando más
Y ha pasado un buen rato pero todavía siento lo mismo
Quizás debería dejarte ir
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