lunes, 26 de mayo de 2014

Hoy los días corren, pero yo no. Solía ir apurada sin destino, siempre corriendo, siempre agitada, siempre planeando, siempre pidiendo más. Apurada y confundida. Queriendo todo sin saber realmente qué es lo importante. Corría a los brazos de alguien que no quería abrazarme, alguien que mutaba con el tiempo, alguien con diferentes rostros. Ese alguien se marchaba y yo decidía sustituirlo con otro abrazo. Pero siempre el mismo frío, siempre ese sentimiento de no ser correspondida. Y entendí, juro que ésta vez logré comprender. Por el simple apuro de no perder el tiempo, por el miedo de que éste se filtrara entre mis dedos, ignoré los detalles que hoy extraño. Porque si había sonrisa yo quería carcajada, el abrazo transformarlo en beso y el beso en algo más. Nunca nada me alcanzó, por creerme enemiga del conformismo me convertí en una exigencia ridícula. En mi mente siempre tuve claro que dejar fluir es fundamental para que las cosas funcionen, pero llevarlo a la práctica es mucho más complejo para alguien como yo. Quizás nunca lo entendí y tuve que perderlo todo para sentar cabeza. Como también, es posible que ahora crea que lo comprendo y vuelva a equivocarme en cuanto tenga oportunidad. Soy impredecible, impredecible conmigo misma y no con los demás. Puedo estar segura y al minuto encontrarme levantando una ceja con incredulidad. No, ni yo me creo ese verso de la seguridad, es sólo una apariencia. 
Hoy algo cambió en mí, creo que se rompió y lo reconstruí como pude, pero quedó diferente. Las piezas no encajaban como antes y tuve que hacer un cambio radical. Y me gusta, me gusta la nueva versión que inventé. Ahora camino, y sólo corro cuando es necesario. Ahora me permito disfrutar de las pequeñas cosas, porque quién sabe cuando volveré a vivirlas. Y lo que no llegó, bueno... llegará cuando haya crecido lo suficiente como para recibirlo. Cuando deje de actuar como una nena chiquita que todo lo que ve le causa fascinación y luego tiene que romperlo porque ya no le divierte. 
Ya no espero, por lo contrario, ese momento tendrá que esperarme a mí.