lunes, 17 de febrero de 2014

Estás cansada de todo y no entendés. Te replanteás una y mil veces si sos vos la del problema, o el resto no está preparado para algo tan sencillo como la honestidad. Dudás, analizás cada escalón que subís, no vaya a ser que al llegar, alguien decida empujarte, dejándote nuevamente en el punto de partida, o peor aún, desarmada. 
Y de pronto un día cualquiera, te encontrás con una persona que valora cada detalle. Que ríe con tu risa y calma tus ansiedades. Confirma tus virtudes y perfecciona tus defectos, volviéndolos invisibles. Que no toma distancia ante tus dudas y se acerca un poco más, con la mirada profunda, diciendo que todo va a estar bien. Alguien que recuerda el momento exacto en el que se fijó en vos. 
Un día entre y te vi, los cordones se anudaron como mis cuerdas vocales, dejándome imposibilitada para emitir una palabra concreta. Tropecé y me fui sonriendo, venerando mi estupidez.
Quién diría que en ese preciso instante, vos ibas a mirarme diferente. Para quedarte, sonriendo, admirando mi naturalidad.
Y al fin de cuentas, no siempre es malo tropezar.

sábado, 15 de febrero de 2014

Esta soy yo, La chispita incandescente que va saltando de aquí para allá. Con mi cara de nada por las mañanas, y la mejor sonrisa pasadas las cinco. Soy la loca del rodete despeinado, la que lleva su mochila de ilusiones a donde quiera que vaya. Y pesa, nadie sabe cuanto. Por descuido, perdí algunas en el camino, y otras me las robaron por exponerlas demasiado. Porque así soy, vivo exponiéndome en situaciones tempranas que requieren cautela, y no una bandeja con la infinidad de miedos que me recorren de punta a punta. Calculo que hoy en día nadie está dispuesto a dar demasiado, incluso recibir en exceso da terror. Me gustaría aprender el juego de esta nueva era, en la que uno esconde sus cartas hasta ver las que posee el adversario. Por miedo a que el tiempo me juegue en contra, prefiero mostrar todo de mí desde un principio. Mis colores, y un par de grises. Porque quien no te acompaña en un día gris, no merece disfrutar de tu mano bajo el sol. 

jueves, 13 de febrero de 2014

Escribo. Borro. Vuelvo a escribir. No, mejor no.

Pero finalmente me decido, hay que seguir. Así suele ser mi mente las 24hs del día, un ring de boxeo donde se disputan mis miedos y convicciones. 
Si me detengo a pensar, a analizar cada paso que doy, es probable que todo termine por irse a la mierda, ese lugarcito que reserve para ex y derivados.
Hoy elijo no pensar en exceso, o al menos intentarlo, dejar que fluya. La mente es rebuscada, y si le das espacio, siempre va a encontrar la forma de destruirte con paranoias, hasta que descubras que sólo es eso, una paranoia, un miedo causado por quién sabe qué, o mejor dicho, vos si sabes qué/quién. Claro chiquita, lo sabés a la perfección. Errores, heridas que no terminan de cicatrizar.
No seas boluda, pienso. Mirá para adelante, date una oportunidad. Si las cosas no funcionan, estoy segura que será una anécdota entretenida en un futuro. O puedo sorprenderme, teniendo en mis manos las cartas de ganar.
El inicio de algo, desde lo mínimo al anhelo más profundo, está lleno de incertidumbre. Y eso genera terror. En ese preciso instante todos deseamos convertirnos en mosquito, o entrar en la cabeza del otro, sólo para escuchar o ver algo que nos de seguridad, la seguridad que carecemos. 
La imposibilidad de saber todo es tan frustrante como mágica. Nos permite conocer nuestros propios deseos e ir descubriendo más, día a día. No caer en lo rutinario.
La intriga, ese bichito que por molesto y desconcertante queremos pisar, es quien nos hace sonreír ante lo inesperado. 
Reír, eso quiero. A carcajadas, hasta el dolor de panza y los ojos achinados. Hoy, y siempre.