miércoles, 9 de abril de 2014

Del suelo a la cuerda floja

Sentada en una silla de madera y tiritando de frío, un frío que más bien proviene de mí misma, recordé como era hace años atrás. La misma, pero diferente. Solía analizar cada paso antes de darlo y me planteaba si valían la pena las consecuencias que traería. Tenía dudas, pero mis certezas estaban intactas. En cambio hoy dudo hasta de lo que creo saber, supongo que a causa de varios giros inesperados, la sorpresa me dejó en jaque en más de una ocasión. Solía también, guardar oportunidades para aprovecharlas en el momento exacto, pero el tiempo y espacio que consideré ideal me encontró con un cajón lleno de oportunidades oxidadas, ya no servían, el tren se había ido para no volver. Ayer, las hubiera dejado junto con mis ilusiones y sueños frustrados, pero hoy decidí jugar, y perdí.
Puedo aceptar el hecho de perder pero no es algo que me guste, y tomé la decisión de no desperdiciar nunca más una chance, sin embargo el resultado tampoco fue satisfactorio. Por querer abarcar todo, uno termina con las manos vacías. Los medios que elegimos, si no sabemos llevarlos, pueden conducirnos a un mismo fin. Dejar pasar es tan absurdo como precipitarnos para obtener resultados inmediatos.
Solía irme por las ramas, eso es algo que aún conservo en el estado más puro.
Pensándolo bien, creo que soy la misma chica, sólo que mi balanza está desequilibrada. Sonrío más, aunque con menos ganas. Lloro la mitad y con lágrimas más cargadas. Actúo antes de pensar si están bien mis acciones y me las replanteo cuando no hay vuelta atrás.
Sí, es eso, soy la misma, pero desequilibrada. Nací en el suelo, visité el cielo un par de veces, y aterricé en una cuerda floja que al parecer, es infinita.

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