viernes, 4 de abril de 2014

Cóctel de emociones

No sé si abrí los ojos y ya no me duele o simplemente los cerré más fuerte para no ver nada a mi alrededor, y lo ignoro, te ignoro. Podría jugar el papel de superada pero nunca fui buena fingiendo emociones. Simplemente sigo con mi vida, como si no hubieras existido en ocasiones y en otras cargo con los recuerdos porque necesito sentir algo, aunque sea nostalgia. Por suerte mi memoria hizo un hueco para archivos negativos y ahí estás vos, escribiéndome, ilusionándome con un encuentro no tan casual, para destrozarlo horas después al pararte frente mío con una chica que en nada se parecía a mí. Más allá de lo físico, no sonreía. Cada recuerdo que viene a interrumpir mi tranquilidad me conduce a la sonrisa que pintabas en mi cara, sin embargo ella parecía no inmutarse ante tu presencia, pero eso ya no me compete. En realidad nada tuyo tiene relación conmigo. 
Me gustaría que no desmorones aquella fortaleza que inventé para continuar, pero te divierte la idea de aparecer y soplar mi muro construido con débiles cartas. Espero el colectivo y juego a la espía mirando de reojo como hablás por teléfono, ubicado en el lugar perfecto para que mi cabeza proyecte febrero, una y mil veces.
Prefiero callar y sonreír en tu presencia, tu ausencia veo como la manejo sin que te enteres.

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