domingo, 2 de marzo de 2014

Mil sensaciones me recorren el cuerpo mientras mi mente reproduce nuestros pocos -Y únicos- momentos juntos.
Hace muchos meses atrás, eras el causante de mis mayores sonrisas, y un par de suspiros. No sabía tu nombre, ni cuantos años tenías, pero me conformaba con mirarte, cuatro segundos que se hacían infinitos.
Hoy no somos los mismos, o quizás sí, pero juntos. Dos miradas enigmáticas que se convirtieron en cómplices.
No tengo ninguna seguridad del rumbo que tomará este viaje que elegí, pero voy de tu mano y desaparecen las dudas, los miedos se esfuman como el humo del cigarrillo que acabo de apagar.
No quiero todos tus abrazos, pero sí los mejores. Tampoco ser la única mujer con quien hables, sino ser la voz que necesites escuchar.
Te quiero a vos, bailando desenfrenado bajo el efecto de la música que altera tus sentidos, para disfrutarte en el silencio después. Quiero nuestro quieto abrazo entre personas que no paran de moverse, cambiar de escenografía y movernos, de mil maneras hasta quedarnos quietos, suspirando y con los ojos extasiados, mi boca suplicando tu beso, el de las buenas noches y el que enciende mis mañanas.
Hoy te extraño, y nada es absurdo cuando pienso que te extrañaba incluso antes de conocerte.

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