Pienso en nosotros, dos mundos diferentes.
Tarde de shopping, camino de tu mano, mirás vidrieras. Extrañamente mis ojos no prestan ninguna atención a la infinidad de zapatos que se encuentran a mi lado derecho, me atrae más el lunar de tu mejilla. Aún es gratis contemplarlo. Hacés muecas, descontento. No parás de hablar, mencionás marcas que no conozco. Pienso que serías una buena mejor amiga, de esas con las que miras Sex and the City. Después de un rato me abrazás, al fin me siento reconfortada en los brazos del tipo que me gusta, y no del frívolo muñeco de torta. Pasamos por un espejo, no me veo bien a tu lado. Mis borcegos desteñidos no combinan con tus pretensiones. Tu lengua se desata nuevamente, entrelazás palabras que nos llevan a conversaciones vacías, palabras que me son indistintas. Me gusta cuando callas.. dicen. Ahora te probás lentes haciendo muecas en el espejo, río. La mujer del local incrementa su sonrisa a medida que vos contás billetes, sin detenerte. Miro el piso, reluciente. Probablemente hayan encerado hasta las ilusiones que cayeron de mi cartera. Porque estar con vos es eso, una pérdida constante de ilusiones. Un camino hacia la realidad, y no siempre es buena.
Idealizar es un gran error, y sale caro.
Pero el problema acá no está en tus ambiciones, sino que aunque no concuerden en absoluto con las mías, te sigo eligiendo. Una y otra vez, dejando de lado lo superficial y quedándome con aquello intangible, lo que me llena. Porque no cambio tus ataques de ternura, tus te quiero inesperados, las llamadas con tu nombre.
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