Muy de mina pasar de la euforia al llanto, del llanto a la bronca, de la bronca a la alegría sin motivo para decaer en una melancolía de ojos húmedos.
Muy de mina fingir odiarte para extrañarte un poco menos y alejar ese sentimiento porque carece de sentido común y la cabeza pasa factura.
Muy de mina recordar lo malo para suprimir tristezas, desatar la ira que sólo nos lleva al resentimiento y desprendernos del rencor hurgando entre los buenos ratos, conduciéndonos a unas ganas locas de volver.
Muy de mina explayar en una página que nadie lee aquellos sentimientos desesperados por salir y no hacerlo en forma directa hacia el destinatario en cuestión, porque sí leería, y la libertad se convertiría en una confesión peligrosa y de poco orgullo.
Muy de mina desear que me mires para no mirarte, que vuelvas para marcharme y que te marches para evitarme volver.
Muy de mina querer sentirte una vez más y no poder, y no poder porque en el fondo no sé si es lo que quiero.
Muy de mina creer que te perdí y saber que así gané.
Muy de mina suplicar tu abrazo para mis adentros escuchando música acústica e imaginar que te empujo al ritmo de baterías y guitarras eléctricas.
Muy de mina no querer acordarme tu cara y dedicarme a buscar sonrisas similares a la tuya.
Muy de mina querer retroceder el tiempo para vivir todo otra vez y avanzarlo rápidamente para dejarlo atrás.
Ahora me gustaría reprocharte cada uno de tus errores, revoleando almohadas y alzando la voz, sólo para que me abraces, escabullirme y salir corriendo pidiéndote que me detengas, y eso, definitivamente, es muy de mina.
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