Una noche de sábado que pudo haber sido diferente, pero dio un giro inesperado. Todo confirmaba que era por mi bien, para no tropezar con esa piedra de nombre extraño. Vos en una punta del mundo y yo en la otra, como debía ser.
Pero pasadas las cinco, mi orgullo ya había bebido demasiado y decidió suicidarse, se dio a la fuga dejándome sola, débil y con un celular en la mano. Un combo explosivo y poco recomendable. Mi autocontrol bailaba con mi dignidad y aproveché su distracción para escribir un "Te extraño" sin pensarlo siquiera una vez. No estaba en condiciones de meditar las consecuencias, o tal vez sí, pero no me importaban. Necesitaba vomitar sentimientos disfrazados de palabras porque dentro generaban un gran malestar. Para mi sorpresa, obtuve respuesta. Un "Yo también pensé en vos" que nada tenía de verídico. Un "Pensé que te veía" que me impulsó a seguir equivocándome y escribir, escribir, escribir... y allí ya no hubo respuestas. O sí, tu silencio. Tengo que aprender que el silencio también es una respuesta.
Te encanta venir, inflar mi ilusión para pincharla después y marcharte mientras tu ego ríe de satisfacción.
El domingo llegó con sus mejores cartas para jugar al arrepentimiento, pero no me interesa. Sencillamente, ni me arrepiento, ni lo volvería a hacer. Lo tomo como una equivocación más en mis cortos veinte años.
Tu amor propio se regocija sin saber que sólo fuiste eso, mi mensaje de las cinco de la mañana.
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