Un día cualquiera, ni siquiera recuerdo cuál, decidí mirar nuevamente y en otra dirección. Los matices fueron tomando un tono más cálido, y me encontré sonriendo por que sí. Una risa grande y sólo mía, provocada por la satisfacción de ser libre. Las cosas que me causan satisfacción existieron mucho antes que aparecieras. Puedo bailar frente al espejo y hacer mil caras, reírme de mi misma y exponerme al ridículo sin importar nada más. Puedo cantar y tirarme en el pasto de alguna plaza a disfrutar del sol. O subirme a una hamaca a pesar de mis veintiún años. Todo eso existe y existirá mientras yo me permita hacerlo, y para eso no te necesito al lado mío. Quizás me generaba una mayor satisfacción, pero hoy disfruto de mi propia compañía.
Abrí los ojos una vez más, y me doy la bienvenida al mundo del que jamás tendría que haber partido: Mi mundo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario