miércoles, 11 de junio de 2014

Mi mundo.

Recuerdo hace algún tiempo atrás, quizás no tanto como para haberte olvidado por completo, ni demasiado corto para sentir las mismas cosas, en fin, un tiempo atrás. Yo te miraba, te miraba todo el tiempo, incluso cuando no estabas ahí, enfrente mío. Tenías el poder de aparecer en cada lugar que pisaba y hacerme sonreír. Los suspiros pronto se transformaron en sollozos y las cosas perdieron color. La vida en sí, tomó un tono gris. Y ya no miré más, porque nada me interesaba si no te tenía. Estaba equivocada, pero tampoco podía notarlo, me encerré en el capricho absurdo de que todo a mi alrededor tenía que parecerse a tu silueta, por el contrario. nada llamaba mi atención. 
Un día cualquiera, ni siquiera recuerdo cuál, decidí mirar nuevamente y en otra dirección. Los matices fueron tomando un tono más cálido, y me encontré sonriendo por que sí. Una risa grande y sólo mía, provocada por la satisfacción de ser libre. Las cosas que me causan satisfacción existieron mucho antes que aparecieras. Puedo bailar frente al espejo y hacer mil caras, reírme de mi misma y exponerme al ridículo sin importar nada más. Puedo cantar y tirarme en el pasto de alguna plaza a disfrutar del sol. O subirme a una hamaca a pesar de mis veintiún años. Todo eso existe y existirá mientras yo me permita hacerlo, y para eso no te necesito al lado mío. Quizás me generaba una mayor satisfacción, pero hoy disfruto de mi propia compañía. 
Abrí los ojos una vez más, y me doy la bienvenida al mundo del que jamás tendría que haber partido: Mi mundo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario