Era una noche de esas sin sabor, pero sólo hasta hace un rato. Ahora siento el gustito amargo de recordar y extrañar sucesos que no volverán a ocurrir. Memorizo una sola escenografía y la música se cuela por mis oídos, cierro los ojos y hasta puedo tocar el pasto con mis dedos, arrancarlo incluso. Una simple foto fue la que me hizo retroceder, y debo admitir que la busqué. Debería borrarla, pero es lo único que me queda, sé que al extrañarte puedo hurgar entre carpetas y ahí está, ahí estamos. No nos favorece en absoluto, sin embargo se puede percibir mi alegría, sonreía de pies a cabeza.
Sin embargo, cuando la cordura hace su aparición sorpresiva y me envuelve en un abrazo tranquilizador, es ahí donde comprendo que no te extraño, o al menos no al tipo que realmente sos. Extraño a ese personaje que inventaste en un principio, al disfraz barato que destiñó luego de poco uso. Y ya no está, ni va a estar.
La temporada cambió y es hora de renovar, tal vez de comprar algún abrigo que cubra mi piel, la misma que se encendía al verte llegar.
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