miércoles, 2 de octubre de 2013
Tengo un "Te extraño" palpitando en el teclado de mi Blackberry, pero lo borro antes que un impulso travieso presione Enter. Quizás por miedo a una respuesta que no llene ni un poquito mi alma, o por el simple hecho de saber que está mal. Extrañarte definitivamente está mal. El tiempo juega en contra y las circunstancias lo acompañan, riéndose de mí en otra noche de insomnio. Pero ¿El tiempo verdaderamente importa? ¿Qué es el tiempo más que días que corren dejando huellas, y lágrimas impetuosas?. Lágrimas por saber el calibre de tu interés y sin embargo, creer en una realidad diferente. Estoy rodeada de pensamientos negativos que se esmeran en deshacer todo lo bueno que vivimos (¿Y seguiremos viviendo?), aunque sólo sean pocos días compartidos. No quiero que mi mente me juegue una mala pasada una vez más, ni ahogarme en un mar de dudas. ¿Qué quiero? Seguir sonriendo al verte cruzar la puerta del edificio donde puedo llamarte mío un par de horas, aunque el amanecer te vuelva libre nuevamente, y sólo quede yo, yo abrazada a mis ilusiones. Quiero tus dedos recorriéndome la espalda y mi nariz haciéndote cosquillas. Quiero las carcajadas, y las lágrimas si vos sos quién las seca, una a una, aunque también seas el causante. Quiero esa sensación de estar en las nubes cuando me miras a los ojos por tiempo ilimitado, aunque corra la vista e intente distraerte, ya que podrías descifrar toda la verdad que no expreso en palabras, pero mi mirada no oculta. Quiero los espejos siempre y cuando el reflejo sea nuestro abrazo. Presionar levemente tu mano, con la seguridad de que allí va a seguir, entrelazando tus dedos con los míos sin miedo a una huída que desintegre mis átomos, dejándome caer como hojas secas de un otoño anterior. Quiero los besos furtivos, robados, intercalando mordidas de las más dulces, mordidas que sólo duelen si no están. Y mirar el techo, extasiados, sonriendo sin motivos o con la sobra de ellos, aunque no lo sepamos. Quiero el mundo paralelo que inventaste, como así también poder trasladarlo a la realidad. Derribar muros. Prefiero cuatro paredes en tu compañía a la libertad de la soledad. Con vos, música y silencio. Paz y un par de quilombos. Caricias y rasguños. Simpleza y complejidad. Sos la brújula que me guía hacia un destino incierto, pero que me mantiene despierta aún cuando estoy soñando. Y soñando con los ojos abiertos. Y acá, en el desahogo de un alma que calla pero siente, descubro que el tiempo es relativo. No importan los días ni los meses, sino su contenido. Existen años vacíos y días de una profundidad inextinguible. Y aunque habite la duda de que me sorprenda un final sin adiós, apuesto una vez más. Puedo perder, y también ganar. Vos sos la recompensa a mis días de tristeza sin fin. El tiempo no es más que el precio de éste peaje, hacia lo más buscado u otro desencuentro.
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