Lo que rápido llega, rápido se va. Y hoy te vas vos, quizás yo sea quien emprende un nuevo viaje. Y lo acepto, acepto todo lo que suceda de aquí en más porque no pudo haber sido de otra forma. Siento una profunda melancolía y eso no tiene discusión, pero no es un mal sentimiento siempre y cuando uno sepa llevarlo, y hoy cambié, quiero hacer las cosas bien. No hay rencores ni palabras malintencionadas. Me voy en paz, con una sonrisa pintada en el rostro, y a diferencia del ayer, es una sonrisa sincera, con un séquito de tristeza, pero que aún así no deja de brillar. Hoy muestro los dientes en forma de tregua. Soy una persona de constante transición, y si mi alma no estuviera encerrada, por así decirlo, en un cuerpo humano, estoy segura que sería un pájaro, libre... que emigra buscando un lugar mejor, la calidez de un entorno llamado hogar. No sé dónde está mi hogar, pero sí sé que no es en tu compañía. Hoy fue nuestra despedida, donde dejamos que las cosas fluyan y sigan su rumbo, aceptando cada cambio, sin olvidar aquellos momentos en que nos fundíamos llegando a ser un sólo átomo flotando contra las adversidades.
A pesar de las noches en las que sólo me acompañaban mis lágrimas, te agradezco. Sin siquiera saberlo me devolviste un poquito de aquella confianza perdida, y maduré gracias a tu comprensión.
Hoy me toca a mí seguir con mi destino, y sé que puedo sola. Y también sé que tengo mil historias por vivir, como también tantas otras que sólo habitan en mi mente y me gusta narrarlas en forma verídica. Porque lo más intenso sucede adentro, y pocas veces llega a ser realidad.
Así soy yo, vivo en mi mundo de fantasía, y eso, jamás va a cambiar.
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