martes, 4 de junio de 2013

Buscaba un príncipe azul y la vida me presentó a un payaso multicolor. Hacía malabares con mi corazón y de vez en cuando coloreaba días grises. La gente murmuraba que también era mago. Sonaba descabellado, hasta que hizo brotar sonrisas en momentos donde me creía derrotada. Sin duda podía hacer cualquier cosa que se propusiera. Decía que la vida era un sin fin de sorpresas, y atesoraba cada día como único. Con él ya no había lágrimas, soledad, ni días perdidos. Su vida consistía en disfrutar, la mía en disfrutarnos. Me hizo lugar en un pequeño hueco de su corazón, el que, más tarde, convertí en mi refugio. Comprendí que no vivía por mí, más bien pendía de su risa.

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