Desde muy chiquita amé los animales, siempre tuve 'mascotas' (odio esa palabra) supongo porque mi mamá también los adora. A los 6 años me encapriché con que quería un perro, papá no quería y fue difícil convencerlo, pero lo hicimos. Me acuerdo que mamá llamó por teléfono a una veterinaria pidiendo un perro 'chiquito' y ese mismo día lo fuimos a buscar. Tengo recuerdos de ese día; llegamos al lugar y estaba lleno de perros enjaulados, era una película de terror. Y ahí la vi a ella, chiquitita, asustada, en una jaula enorme. Me enamoré. La saqué de ese lugar horrible para llevarla a lo que se transformaría en su HOGAR. Debo admitir que al principio no nos llevábamos bien, Anita era especial, no era un cachorro de esos con los que podes jugar, era muy tranquila, y casi no se escuchaba, tenías que tener cuidado al caminar para no pisarla. A mi el capricho ya se me había pasado, ya tenía a mi perra en casa y no le daba mucha bola, pero con el correr del tiempo y casi sin darme cuenta me robó el corazón. Se convirtió en parte de la familia, y en mi mejor amiga. Llegar del colegio y que esté ella esperándome era lo mejor que me podía pasar. Hoy pasaron casi 13 años desde que mi vida cambió, en todos los recuerdos familiares que tengo, ella está presente. A veces parezco hasta exagerada cuando hablo de Anita, pero juro que para mí no es un perro, es mi todo. Por eso cada vez que me enfrento a la posibilidad de perderla siento que una parte de mí se muere, no hay sufrimiento parecido. Si pudiera pedir que sea eterna lo haría, porque me hace feliz, me llena el alma, sé que es imposible por eso espero que me acompañe muchos años más.
Ojalá seas tan feliz como lo soy cuando está al lado mío.. Te amo.

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