Un libro puede ser un montón de páginas escritas, que nos sirven como distracción, como también significar algo más. Hoy terminé de leer la trilogía de Cincuenta sombras, y siento una profunda nostalgia. Desde el primer día me sentí identificada con el personaje, y al concluirlo, lo afirmé más aún. Es magnífico cuando alguien puede plasmar en palabras las ambiciones de una vida ajena, en éste caso, mi vida. Aquellos que no tienen la menor idea de la historia que se esconde detrás, de lo que es el libro en sí, probablemente piensen que sólo es un relato erótico, y nada más. Sin embargo, desde mi punto de vista, va más allá. Una chica común y corriente, frágil, con mil dudas, que conoce a un hombre aparentemente fuerte, pero detrás de esa máscara hay una persona totalmente insegura, con un oscuro pasado y pidiendo a gritos ser amado. Y ahí es donde me identifico con el personaje, la obsesión por generar un cambio positivo en la otra persona, por mejorarla y hacerla sentir querida. Por demostrarle que no todo es gris. Y como cierre, el final feliz, ese final abierto que toda mujer desea, o al menos yo.

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