Estoy perdida en la búsqueda de su sonrisa espontánea, que me devuelva la ilusa ilusión de hundirme nuevamente en esos labios de café. Infinitas son las madrugadas en las que sueño con aquella vez, donde en el cuarto de al lado, me encontré desnudando un ángel. Él jamás me prometió jardines de razo, mucho menos llevarme en su tren al edén y aunque sé que nunca existirá un seremos, mi brújula me empuja a sus brazos. Sólo me queda ir por la vida destilando optimismo, al saber que fuimos, al menos, un instante.
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