martes, 2 de abril de 2013

Martes disfrazado de domingo, lluvia, mi soledad y yo. Suelo ser bastante melodramática y éstos días grises potencian mis sentidos. Mi mente no para de pensar, pero saqué la conclusión que éste no es el problema mayor, el verdadero caos se instala cuando uno no deja de sentir.. Si simplemente fueran pensamientos, supongo que podría enfocarme en otra cosa, distraerme y así sentirme mejor. Pero haga lo que haga, no puedo dejar de sentir una profunda angustia. Por lo que viví, lo que vivo, y el miedo a lo que va a venir. Antes creía que el dolor más desesperante era el de muela, que nos carcome lentamente, y no nos deja concentrarnos nada más que en esa gran molestia que sentimos. Pero acaso, ¿El dolor del alma no es igual? Te consume, inhabilitando cualquier otro sentido que pueda existir. 
Sé que la inestabilidad que me invade en éstos momentos es a causa de mi dependencia, soy una persona íntegramente dependiente, de las cosas, de la gente, de absolutamente todo lo que me rodea. No puedo estar sola, no quiero estar sola. Admiro profundamente a quien pueda valerse por sí solo, sin necesitar de factores externos para ser feliz, de hecho, todos tendríamos que adoptar esa formalidad. Pero... ¿Cómo se hace? No encuentro respuesta. Desde que nacemos necesitamos a los demás para poder hacerlo, y así, vamos creciendo, con alguien que nos va marcando los pasos para poder seguir adelante. Y hoy, con casi veinte años, sigo sintiendo esa profunda necesidad de que me indiquen el camino "correcto". Me siento perdida. No me encuentro.
Crecer sería algo así como aprender a andar en bicicleta. Al principio tenemos una persona que nos sostiene, nos ayuda y no nos deja caer. Una vez que deciden que estás listo, te sueltan y ahí te encontras solo, casi a la deriva, el miedo te invade y crees que no vas a lograrlo, pero después de mil caídas vas entendiendo que está en vos seguir adelante e intentarlo una y otra vez, o quedarse estancado con la imposibilidad de avanzar. 
Hoy puedo decir que sigo en fase de aprendizaje, tengo infinidad de errores, tropiezos de los cuales me cuesta levantarme, pero sigo. Siempre sigo. Y si algo rescato de mí, es que fiel a mi postura, sigo haciendo lo que siento en cada momento que se me presenta. De eso se trata, pensar menos, sentir más. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario