En media hora de infierno, toque el cielo con las manos. Se notaba en el colchón, mas sudor que en cualquier otro, & con caricias intentaba sanar su corazón roto. Porque hace falta mucho más que dinero o propina de segunda para tapar en el alma ese agujero, que de amargura se inunda. Y yo sigo llamándola, pero ya no se viene a dormir, si no hay mal, que por bien no venga ¿qué bien te trajo hasta mí?
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