Odio hacerme problema siempre por cosas insignificantes, que no tienen sentido, y quebrarme tanto por tan poco, ahogarme en un vaso de agua. Odio reclamar cosas que SÉ que no pueden darme y aún así lo hago, de caprichosa, porque no puedo evitarlo. Sí, a veces me odio, me parece que me haría falta darme la cabeza contra la pared para volver a la realidad, abrir los ojos y darme cuenta que en la vida hay cosas por las que si vale la pena estar mal y no por PELOTUDECES.
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