jueves, 22 de julio de 2010

Lo nuestro duró lo que duran dos peces de hielo. En vez de fingir o estrellarme una copa de celos, le dio por reír, de pronto me vi, como un perro de nadie, ladrando a las puertas del cielo. Tenían razón mis amantes, en eso de que antes el malo era yo, con una excepción; esta vez yo quería quererla querer, & ella no. Así se fue, me dejó el corazón en los huesos, & yo de rodillas. Desde el taxi & haciendo un exceso, me tiró dos besos, uno por mejilla. Volviéndome loco, derrochado, la bolsa vacía & la vida, la fui poco a poco dando por perdida. Tanto la quería que tarde en olvidarla, diecinueve días & quinientas noches-

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